Mi libreta color vino: el refugio donde encontré mi voz
- Brenda Teresa

- 2 ago
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Fue en un momento muy particular de mi vida cuando una libreta color vino comenzó a ocupar un lugar distinto. Sin darme cuenta, dejó de ser solo un cuaderno para convertirse en el espacio donde depositaba mis emociones, mis silencios, mis frustraciones y muchas de las palabras que, años después, encontrarían una nueva vida.
En ella no escribía pensando en poemas ni en libros. Escribía porque necesitaba un lugar donde dejar mis desahogos, mis pensamientos y todo aquello que, muchas veces, no sabía cómo expresar o canalizar.
Con el tiempo comprendí que la escritura nunca fue solo una técnica para mí. Sin darme cuenta, se convirtió en un refugio. En esas páginas quedaron frustraciones, tristezas, decepciones, alegrías, dudas y muchos de los aprendizajes que llegaron en diferentes etapas de mi vida: como hija, mujer, esposa, madre, amiga, profesional y ser humano.
Cada vez que escribía sentía que el peso de las emociones encontraba un lugar donde descansar. No porque los problemas desaparecieran, sino porque la palabra me ayudaba a comprenderlos, a manejarlos, a mirarlos desde otra perspectiva y a seguir adelante con un poco más de serenidad.
Aquella libreta color vino nunca me juzgó. Simplemente recibía mis palabras. Con los años descubrí algo que nunca imaginé. Entre aquellas páginas comenzaban a aparecer frases que conservaban una fuerza especial. Algunas se transformaron en poemas, otras en prosas poéticas, reflexiones o mensajes positivos que hoy comparto con quienes encuentran en la palabra un espacio para detenerse y mirar hacia adentro.
Mirando hacia atrás, comprendí que gran parte de mi fortaleza nació de haber caminado siempre acompañada por la escritura. Sin proponérmelo, la palabra fue fortaleciendo mi espíritu y enseñándome que escribir también puede ser una manera de conocernos mejor.
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo comenzar a escribir, mi respuesta suele ser muy sencilla: consigue una libreta. No importa el color. No importa si escribes una página o una sola línea. Tampoco importa si algún día esos escritos se convierten en poemas, ensayos, cuentos o permanecen guardados para siempre.
Lo verdaderamente importante es darte el permiso de escribir con honestidad. Tal vez hoy solo sea un desahogo. Mañana podría convertirse en una reflexión. Y, con el paso de los años, quizás descubras que esas palabras también estaban escribiendo la historia de la persona en la que te convertirías, con mas fortaleza y capaz de manejar mejor tus emociones.
La escritura me enseñó que una libreta puede guardar mucho más que palabras. También puede conservar silencios, aprendizajes, esperanza y la fuerza que, muchas veces, desconocemos que llevamos dentro. Desde entonces, nunca he dejado de escribir. Porque cada vez que vuelvo a una página en blanco, también vuelvo a encontrarme conmigo.
Te abrazo en cada palabra
Brenda Teresa

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